miércoles, 30 de diciembre de 2009

viernes, 4 de diciembre de 2009

Luces de Madrid

Me estallan en la cara
las luces de esta ciudad.
De este Madrid que me resulta
tan extraño como frío
tan distante como arisco.
Todas las noches de invierno
día tras día
cuando el sol se apaga
salgo corriendo de mis pasos
(que mis huecos no me persigan,
por favor)
no quiero tener que arrepentirme
una vez más y a posteriori
de las sanguijuelas que escupe mi boca.

Día tras día y
noche tras noche,
recorro baldosas a la carrera,
hablo deprisa,
como sin ganas,
bebo hasta que un diablo azul
me recorre las entrañas.
Sólo cuando anochece
aparece la cara de la luna
que dice envidia tu energía
quiere hacerla suya
perdiendo su credibilidad
cuando al alzar la vista la veo
meciéndose feliz en el cielo.
Y mientras ella vela
por transeúntes de calles desiertas,
esas luces se meten en mi sien
estallando de una en una,
impasibles, sin descanso,
haciéndome desear ser luna.

Mientras tanto, procuro
guardarme una sonrisa
mezclada con zumo de tomate
sal, pimienta y valentía
en el fondo del abrigo.
Lo que nunca aprendo
es que siempre se me acaban
y también olvido
la de repuesto en casa.
A cambio, me salen las ganas y los besos
del tiempo que te robo cada día
mientras me arrepiento del que pierdo
en chorradas y lamentos.

Recorro a zancadas
las luces de Madrid,
día tras día,
noche tras noche,
guardando un pétalo de rosa
para ponerme en la solapa
donde enganchar tus manos
y una sonrisa gastada
para que no se me olvide que mañana
recorreré luces y baldosas
amarillas, rojas, azules,
o del color que tu quieras pintarlas
de acuerdo a mis caprichos
con un abrigo nuevo
y las mismas zancadas.

viernes, 27 de noviembre de 2009

+ tu

Me has enseñado que tengo derecho
a enfadarme una vez por semana.
O dos si son pequeñas.

A decir lo que pienso
lo que siento
sin miedo a cómo ni por qué.

A saber que nadie es mejor que nadie
pero que todos, siempre, podemos mejorar.

A descubrir que no sólo me pasa a mí.
Hay cosas normales,
también aberraciones
que aunque no me lo crea
se han podido superar.

Que no tener las cosas claras no es malo,
habrá tiempo para todo,
y comprender que los trabajos, los amigos
vienen y se van,
que es tan normal
como que tus dedos reposen en mi pelo.

Me enseñaste la mirada,
la sonrisa
me la dibujaste en el espejo
obligándome a observarla
para que no se pierda.

La forma, el trato.
Las caricias. Besos.
A ser yo entera y orgullosa
y verme desde fuera.

He podido volar en sueños, subir rampas,
bajar escalones, tomar decisiones,
escribir y leer
escuchar y mirar...
recordarte cuando no estás.
Ver.

Que esto es cosa de dos,
para todo, y
saber que me puedo apoyar en ti
siempre que quiera.
Que te puedo morder las manos
cuando se me acabe el fuelle
y el invierno se me eche encima
pero siempre
y sólamente
para coger impulso.

martes, 13 de octubre de 2009

otoño

Se me coló el frío por lo pies
esta mañana
al despertarse las sábanas.

Llegó hasta las caderas,
pasando por las rodillas
con el sol de mediodía.

Luego siguió por la espalda
como un escalofrío,
un dedo en mi espalda.

Y, al llegar la tarde
se me enfrió el pecho
desnudo de marañas.

Por la noche,
se me hincharon los ojos
de llorar historias...

Y así
seguimos...
Hasta mañana.

martes, 8 de septiembre de 2009

*

No soy ni aire, ni tierra, ni fuego, ni agua.


Soy una mezcla de sensaciones

que tiende al aire chispas de color rojo

a la tierra una brisa de verano

al fuego la tranquilidad de una gota

y al agua la fuerza de una marea.


Por todo eso

a ti te pido que escarbes mi tierra

y siembres semillas de palabras,

que me vueles como una cometa

virando de norte a sur cada mañana,

que me incendies los labios

con rescoldos de cigarros a medias,

y que me bañes en agua bendita

echándome una jarra por la cabeza

si hace falta.

Que eres mi balanza.


A mi me pido contar hasta diez,

respirar hondo cada media hora,

suspirar solo lo necesario,

decir todo lo que pienso

o casi todo,

y sacar la fuerza y el valor

para no cambiar todo eso que creo

que no les gusta a los demás

todas esas pequeñas cosas

que me convierten en ríos de silencios.


Cuando a veces no sé quién soy,

si soy aire, tierra, fuego o agua;

ni cómo ni dónde volver a ser

o incluso si he sido alguna vez,

cierro los ojos tan fuerte que quema.

Pero entonces me encuentro entre tus manos

ayudándome a encontrar mis zapatos

perdidos entre heridas de guerra

tan inconfesables como impunes.


No soy ni aire, ni fuego, ni tierra ni agua.

Y no lo seré porque en el fondo

sólo me gusta sentirme

algo etérea e hipnótica,

algo firme y resbaladiza

en la oscuridad de una habitación

que tiene las rendijas contadas

para que entre el sol.

martes, 18 de agosto de 2009

Mi aguja

Ella lo siente.
Siente esa aguja chiquitita,
invisible para los demás
clavada en sus entrañas
cuando se deja abrazar,
cuando el despertador se duerme.
Y sonríe.

A él le gusta observar
cómo se ondula su cuerpo
mientras se despereza.
Sus andares
al salir de la habitación
repleta de sueño
y de rutina,
hoy igual que ayer…
mañana igual que hoy…
Pero no le importa,
porque sabe que puede
descifrar las preguntas
y todas sus respuestas
pasando un dedo por su cuello
o paseando por su espalda.
Y los dos podrán entonces
soñar que no hay nada mejor
saber que no lo habrá
querer perderse.

Se encienden las razones
cada mañana
con cerillas de café bombón
y a las doce soplan las velas
para no incendiar cada paso
que el día es largo
y queda mucho por hacer.
Pero eso nunca impide
soñar que no hay nada mejor
saber que no lo habrá
querer perderse.

Ella sale corriendo de sí misma
día sí, día no,
sin hacer daño a nadie
quietecita y en silencio
mirándole a los ojos
cambiando besos por sueños
que le permitan no pensar,
sólo sentir.
Mientras, él se bebe el café
sorbito a sorbito
saboreando el olor a piel mojada
que ha dejado en los pliegues de su cuerpo.

Y es en ese momento,
sólo una décima de segundo
cuando él también siente
esa aguja chiquitita e invisible.
Y sonríe,
preparado para empezar un día más
sabiendo
que no será como los demás.

martes, 7 de julio de 2009

Lucha de gigantes...

No se puede luchar contra algo en lo que no se cree. Por mucho que te empeñes.

Cuando tu madre llega a casa echando pestes por la boca de la vida y se te cansan los domingos que te tienen encajada entre sentimientos. Y te pones a llorar. Siempre. Pero en silencio. Porque trece años son muy pocos para aguantar todo eso. Que las lágrimas y los silencios a veces duelen mucho más que los gritos. Y sacar fuerzas todas las mañanas montándote en zapatillas heredadas, soñando con los tacones de tu madre, rebañando su sonrisa por las esquinas.
No quieres llorar pero no puedes gritar tampoco, ni decirle a tu madre lo que sientes, ni abrazarla para que el dolor remita, o se esconda, o que haga lo que le de la gana pero que os deje en paz.

No se puede luchar contra lo que no crees.

Si no crees en la suerte, ni en Dios, ni en la bondad, pero tampoco en la maldad, ni en las sonrisas, ni en las miradas furtivas…. No puedes luchar contra ello para hacerte débil, humana, para poder sentir de una vez. Que es lo que ella pretendía llegar a ser, a sus 35 años, llena de borracheras y polvos que no son más que eso. Sin esas palabras que le traspasen la ropa, seguirá sintiéndose incolora y sin sabor.

Tampoco puedes luchar contra lo que no has tenido porque no sabes lo que es.

Cuando alguien te abrace, te acaricie el pelo y diga que las cosas se solucionarán aunque sea mentira, y gorda, entonces, podrás empezar a luchar contra tus mundos interiores. Esos que la gente mira con desconfianza cada mañana en el metro.

Y en ese mismo momento, cuando lo consigas, le tatuarás en la espalda con tus manos una frase que se te quedó grabada hace años:
“Que si quieres, puedo intentar volar,
para llegarte rota y que me pegues los trocitos a mordiscos”.
Para que le traspase la piel.

sábado, 20 de junio de 2009

Hagamos un trato - Mario Benedetti

Cuando sientas tu herida sangrar
cuando sientas tu voz sollozar
cuenta conmigo.
(de una canción de Carlos Puebla)



Compañera,
usted sabe
que puede contar conmigo,
no hasta dos ni hasta diez
sino contar conmigo.

Si algunas veces
advierte
que la miro a los ojos,
y una veta de amor
reconoce en los míos,
no alerte sus fusiles
ni piense que deliro;
a pesar de la veta,
o tal vez porque existe,
usted puede contar
conmigo.

Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo,
no piense que es flojera
igual puede contar conmigo.

Pero hagamos un trato:
yo quisiera contar con usted,
es tan lindo
saber que usted existe,
uno se siente vivo;
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos,
aunque sea hasta cinco.

No ya para que acuda
presurosa en mi auxilio,
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

lunes, 8 de junio de 2009

Experimentando II

Lucas se preguntó qué estaría haciendo Sofía aquí y cómo era posible el no haber reconocido su voz por teléfono, ni su mirada en la puerta del metro, ni sus ojos al primer golpe de vista en el “Manuela”. Tampoco se explicaba por qué tanto misterio. Por qué no había dicho directamente que era ella y que quería quedar con él. Probablemente no hubiera tenido tanta gracia y ella no habría estallado en carcajadas al ver su cara de asombro.

Siempre había hablado de ella como la persona más importante que había pasado por su vida, pero “no así, en plan blandito, que no todo es amor…”. Siempre la había definido como Mejor Amiga (siempre con Mayúsculas). Título que ostentaba hacía años y se había ganado a pulso ya que menudo elemento era Lucas. Hecho que parecía haber olvidado desde que Clara se coló por la puerta de su vida, y con ella los celos, las peleas, la pasión. Y esa sensación de descontrol que aún le invadía cada mañana cuando dejaba las legañas en la almohada y se iba dando tumbos en lugar de saltos mortales a la ducha.
Y, sobre todo, había olvidado el título de Sofía por una razón que no recuerda. Le pica la curiosidad pero una parte de su razón le aconseja no removerlo. ¿Se puede olvidar algo así? Tratándose de Lucas debe ser normal.



Inevitablemente, llegó el momento en el que nuestro hombre de las corbatas perfectas perdió la cuenta de las cervezas y los huesos de aceituna que pasaron por su boca. Desde hacía un buen rato se había teletransportado al pasado, un pasado que reposaba en la parte trasera de su cerebro y que creyó olvidado hasta que unos ojos lo trajeron de vuelta.
Recordó los aviones, los trenes, Roma, Venecia y Florencia. Recordó un idioma casi olvidado pero que no costó sacar de dentro, porque lo llevaba bien escondido. Más que nada por retarse a sí mismo, porque Sofía había aprendido español a la perfección en su estancia en Madrid que ya sumaba cuatro años. No había ninguna necesidad de chapurrear.
Hablaron y se rieron de sí mismos, de los otros, de los que no conocían. Compartieron confidencias que no habían contado a nadie en estos siete años y se miraron a los ojos con esa confianza que ni los años, ni los otros, ni los que no conocían ni las dudas lograron romper.

Sofía le miraba con los ojos bien abiertos. Su melena despeinada captaba su atención y él sabía que ella le reconocía las sonrisas de medio lado, los movimientos de las manos y los silencios. Entonces Lucas pronunció la frase que hizo que la mujer niña que tenía delante no le viera nunca más como el amigo-confidente compañero de batallas que siempre había sido, si no como lo que llegaría a ser...

-“Yo estoy sólo Sofía, sólo. Rodeado de gente y aún así vivo en soledad y me da miedo tanta gente y tanta soledad todo junto, me parece imposible. Clara era sólo una excusa y se sigue colando en mi mente la muy perra, no hay manera de sacarla, pero sé que estoy sólo…”-.

No tuvo más remedio que pasarle el dedo por la mejilla para secar una tenue lágrima que el hombre que se sentía todoterreno había dejado escapar sin darse cuenta. Es como cuando lloras de la risa, que no lo puedes evitar. Hay veces que las lágrimas se escapan porque han subido desde el nudo de la garganta hasta los ojos a la velocidad del rayo sin que te haya dado tiempo a contenerla, controlarla y, mucho menos, pensarla. Aunque tú no te sientes culpable porque al menos lo has intentado.

Y ella, que sabía cómo lidiar con esto y mucho más, cambió de tema después de pedir al camarero otro par de cañas. Porque aprendió a disfrazarse en cada momento y a utilizar el lenguaje adecuado para hacerle sentir bien. Y eso es como montar en bicicleta.

- “Venga tío, déjate de mariconadas que los dos sabemos como eres” – le dijo con tal tono fanfarrón que no podría ser descrito – “lo que tú necesitas es esta otra caña que te va a sentar genial y venirte la semana que viene a salvarme el culo de un proyecto de la universidad. No he visto nunca unas manos como las tuyas, aunque eso ya lo sabes”.

Sonrisa de medio lado. Bien. Esto funciona. Sofía está haciendo un gran trabajo.

- “Pero me vas a tener que pagar una pasta que mis manos valen millones”- dijo entre risas Lucas.

- “Sí, claro, no te lo crees ni tú. Anda, fantasma, tu hazme el favor y yo te invito a cenar, ¿Qué te parece?, además, puedo presentarte a un montón de gente, y chicas muy monas, a ver si me dejas ya de hablar de la Clara esta que me tienes…”- En momentos como éste nunca le falló un guiño y un pequeño codazo. Y ésta vez no iba a ser menos.

Y aceptó, una vez más entre risas, aunque no tenía muy claro para qué iba a servir ese proyecto, si era una excusa o una simple manera de retomar el contacto.



Lucas se dejó llevar de una manera que ya no recordaba. San Vicente Ferrer y la plaza del Dos de Mayo fueron testigos de una de las muchas parejas que se esconden en la noche para robarse algunos besos para que la espera de llegar a casa no se te eternice. Lo que los mirones de las terracitas no sabían era que estaba significando una primera y única vez para los dos.

Ella no se acordó de Nico. Y él no se acordó de Clara en lo que quedaba de noche. Ni de aquello que les hizo olvidar su título de Mejores Amigos con Mayúsculas. No lo necesitaban.

domingo, 31 de mayo de 2009

En una calle de Madrid


Me gusta
contar lunares,
deshacer enredos,
andar por San Bernardo
con las manos
llenitas de ganas.


También
revolverme la cama,
buscarte las cosquillas,
cansar las sábanas,
ver cómo se duermen
las horas.


Que dibujes
con exacta precisión
la curva de mi espalda
y el sabor de los silencios.

Gritarle a la noche
con los ojos bien abiertos
que no se pierda.
Que no se pierda.
Ni entre mis pies,
ni por tus manos,
ni por la rendija de la ventana
que nos permite respirar.

jueves, 21 de mayo de 2009

Experimentando

Hoy Lucas no se ha levantado dando un salto mortal como pensaba que solía hacer.
Se ha cagado en Hombres G. Porque no hay ni huevos ni sartén, no sabe hacer volteretas, se le ha acabado el gel y, encima, llega tarde a trabajar. Para variar. Y es que el lado de la pared de su cama lleva vacía más de un mes y piensa: “Y yo con estas tonterías”.
Le pincha el corazón, pero ya lo pensará luego, que de momento lo más importante es escoger la corbata adecuada y tomarse el zumito de naranja que tan bien le viene para la resaca (de la cual últimamente abusa más de lo aconsejable).
De camino al metro se encuentra con una morena de ojos color mar y cara de niña que se queda mirando sus manos, que sujetan un cigarro ya demasiado apurado.
-“Si es que soy más tonto….”-, piensa mientras saca el metrobús de la cartera. Y no la reconoce.

La línea 10 del metro últimamente funciona mucho mejor que de costumbre. Por eso probablemente aún no le hayan puesto de patitas en la calle, porque si dependiera de la confianza que deposita en su despertador estaría en casa viendo a Ana Rosa, Concha o cualquier otra señora en sus cuarenta, de buen ver pero un tanto insulsa.
Aunque, pensándolo bien, a lo mejor no le vendría tan mal. Y en ese momento decide que si algún día tuviera que hacerlo, vería la televisión sin sonido, porque escuchar gilipolleces como que el condón es malo (muy malo), o injusticias como que hay un monstruo en algún lugar de Austria (solo el reflejo de los miles de millones que hay sueltos por el mundo) y que las guerras son buenas si los medios lo justifican, casi mejor solo admirar a la mujerona de buen ver y que digan lo que quieran. Que para informarse hay otros medios mucho más eficaces. Las opiniones, que se las guarden.



La recepcionista es una chica joven, de cara ácida, de cara de sueño, como casi todos en esa maldita mole gris. Lucas intenta asociarlo a que ha sido madre hace un par de meses, pero eso ya le pasaba antes. Cree que es un problema de sus mundos interiores, que están podridos. Incluso puede que huelan igual que la basura de una semana acumulada en la cocina. Pero en vez de decirte “venga mujer, sonríe un poco que ha salido el sol y ya sabes, la primavera…”, le dirige una políticamente correcta sonrisa acompañada de un pequeño movimiento de mano, esa que la chica de los ojos color mar había observado con detenimiento. Todo el detenimiento posible a las 8 de la mañana de camino a la universidad después de una noche intensa en casa de Nico, el de los rizos dorados que nunca ha sabido follar pero que besa como nadie. Aunque Lucas no descubriría todo eso hasta dentro de unas horas cuando la chica reuniera el valor suficiente para desenterrar su teléfono del post it que dormitaba en su carpeta y decirle tajantemente que quería pintar sus manos y no aceptaría un no por respuesta. Pero sólo sus manos.


De momento Lucas se centra en su excusa. Creía que las había utilizado absolutamente todas y su jefe está, literalmente, hasta los cojones. Pero necesitan al hombre de la corbata siempre perfecta, no se sabe muy bien por qué, y Lucas no llega a comprenderlo. Como tampoco comprende lo de su cama.

Efectivamente, su jefe tiene la misma cara ácida que la recepcionista, pero a él sí que se tiene que enfrentar y no le vale con una simple sonrisa falsa. Eso no le impide fantasear con ser Edward Norton en “El Club de la Lucha”, pero en vez de autolesionarse se imagina dando una paliza de campeonato a Paul, porque “con ese nombre, como no iba a ser un auténtico cabrón”.
Aguanta el chaparrón durante 15 minutos, se levanta y se bebe de un trago el café solo ardiendo que luego le dejaría la lengua como una lija, pero le da bastante igual. Si ella aún estuviera en casa sería otra cosa. Probablemente no llegaría tarde, no le importarían las sonrisas falsas y tendría el lado de la pared de la cama ocupado cuando diera un salto mortal para salir de la cama dejando las ganas y las legañas en la almohada.
Entonces ella se coló en medio de sus pensamientos, como siempre, andando por su cabeza como cuando andaba por la casa silenciosamente; o como cuando se sentaba en el taburete de la cocina con los pies desnudos mientras bebía una copa de vino.

Y ocho horas delante del ordenador.

De las cuales sólo tres han sido aprovechadas en condiciones. Porque en la número dos:

- ¿Sí, dígame?

- Ehh, hola, ¿Lucas?

- Si, soy yo, ¿Quién es?

- Mira te lo voy a decir todo del tirón porque si no, no me voy a atrever. El caso es que tengo tu número por una historia muy larga que ya te contaré, eso en caso de que quieras quedar conmigo claro pero la cosa es que…

- No entiendo nada, ¿Quién eres?

- Que ya te lo explicaré. Te espero esta noche en el Manuela a las nueve, quiero pintar tus manos y de momento no te puedo decir más. Así que allí estaré esperándote, no acepto un no.

Y colgó.
No acepto un no. Esa frase retenida en esa voz le resultó muy familiar.



Lucas llegó a las nueve y cinco. Notó como unos ojos color mar se clavaron en su mirada de desconcierto. Era Sofía. La de la cara de niña. Se preguntó qué estaría haciendo aquí.

martes, 12 de mayo de 2009

Reloj de arena

"Quiero más - murmura -. Quiero una noche más, quiero más noches y, si te sobra, quiero algún día. "

"No usa reloj y ahora sé por qué: no le serviría. Su tiempo se mide en latidos".


Carlos Salem. Matar y guardar la ropa.




Me voy a quitar el reloj. Sí.
Lo pienso tirar al mar,
que se lo lleve la espuma.
Que los latidos me midan
y me despierten por la mañana.
Porque yo...

Así será más fácil encontrar
días que sobren,
que perder
detrás de tus pies de plomo
y preguntas inocentes
que se escondan entre cervezas.
Porque yo...

Soy yo
justo detrás de esa sonrisa
justo donde se acaba la razón
sólo donde empieza la guerra.

martes, 5 de mayo de 2009

...

Me estoy
mordiendo
los huecos...

por eso doy
bocados al aire.

Te estoy
guardando
las ganas...

por eso hoy
respiro mar.

sábado, 2 de mayo de 2009

About Dubai


Tengo en la retina una ciudad del futuro, fantasma, donde la gente no pasea por la calle y los coches son el único medio de transporte (hay dos millones de habitantes y cinco millones de coches). También una ciudad en construcción, una ciudad que ha ganado terreno donde no lo había a base de emplear paquistaníes e hindúes que trabajan de sol a sol por 200 dólares al mes pero eso, al menos, les salva de la miseria de su país.

Tengo en la cabeza cómo idolatrar a un jeque que al ver que en 20 años se queda sin petróleo necesita construir el rascacielos más grande del mundo, el centro comercial más grande del mundo, el hotel más caro del mundo… dando privilegios a sus nativos (que sólo son el 15% de la población de Dubai) tales como una casa a modo de ajuar. Esos mismos nativos que siguen ninguneando a las mujeres, pero encima, debemos dar las gracias porque hace 20 años, cuando allí sólo había desierto, no podían ni siquiera hablar en público.

Tengo en la cabeza toda la información recogida para que no se olvide. Que no se olvide que Dubai es un emirato árabe rico, donde se vive bien, no se pagan impuestos y las autovías tienen no menos de seis carriles en cada sentido. Donde las mujeres llevan túnicas y velos negros de Versace y se meten a la piscina con ropa (sólo las más atrevidas) mientras caminan al lado de su hombre que enseña todo ese cuerpo que ella se tapa, y muy orgulloso de ello.

Tengo el desierto y su luz en el fondo de mis ojos para que no se marche, le haré un hueco todas las noches y veré la puesta de sol desde las dunas vestida de beduina en tonos rosas verdes y naranjas. Así que si alguien me quiere acompañar os dejo la puerta abierta.

miércoles, 22 de abril de 2009

Absenta

Me he cansado de niñatos agridulces que te besan las manos
mientras dan las gracias por haberles curado los rencores,
para después esfumarse detrás de una maleta
cerrada con mañanas de camas deshechas.

Me he cansado de oír las mismas canciones
que salen de bocas repletas de mentiras
dibujadas con risas falsas e incoloras
cuando cae la noche y fuera llueve.

También de que sitúen mis aspiraciones en el subsuelo
debajo de sus pisadas, más allá de sus intuiciones,
a costa de mis hirientes silencios
para así sentirse menos inseguros.

De que no tengan en cuenta lo que hace daño
aunque yo se lo repita cien veces
y de que tengan menos interés aún
en los agujeros de mis mundos.

Ya no quiero más te quieros con la boca chica.
Prefiero un esto es una mierda sincero
que desnude mis sentidos en tardes de domingo
seguido de un abrazo que no me permita pensarlo.

Quiero una mirada que me fulmine las lágrimas
sin necesidad de ignorarlas como a un perro en la cuneta
porque eso significará que no tengo que esconderlas
debajo de la ropa y de las dudas nunca más.

Y es que no sé si sabéis que vuestras tonterías
han abierto heridas con el filo de un cuchillo
entre mi pecho y mis caderas.
Habéis echado sal para que duelan más al cicatrizar
y me he escondido el ombligo para que la próxima vez
no se revuelva al ver vuestros restos.

Pero a pesar de todo esto, de la sal, las heridas, las maletas,
no me cansaré de ser la que confía más de lo debido
ni la que aprende de sus errores porque en el fondo sabe
que todo esto es porque me dejo y "es lo que tiene".
Porque estoy segura de que llegará el día
en el que fuera haga sol, las sonrisas sean azul celeste,
y me coloque flores y horquillas en el pelo.

viernes, 17 de abril de 2009

Línea 6

Llevaba unos zapatitos de charol que heredó de su madre hará cosa de treinta años, y que hacían juego con una falda raída por el tiempo y las dudas, pero remendada con hilo de sentirse viva. Lo que no había remendado era esa mirada inquieta que hizo suya hace años, la misma que le hizo abandonar su casa para llevar una vida mejor, o por lo menos intentarlo. Lo que ella desconocía es que la vida le tenía preparadas muchas carreras y, encima, llevaba ventaja.

Abría cartas de compañías eléctricas, facturas, y eternos manuscritos de Manuel cuando se metía en el metro y conseguía que algún jovencito que amenizaba a todo el vagón con su música le cediera el asiento, porque si lo hacía así sabía que no lloraría, la vergüenza siempre ha podido más que el sentimiento, y en esto a la vida no le servía de nada la ventaja. Y después de leerlas y releerlas, doblaba con cuidado las cartas y las metía en sus sobres, para al llegar a casa guardarlas en el cajón de los recuerdos o en el cajón de los deseos imposibles.

Ella nunca iba a dejar que la vida le pasara de largo, gritaría si es necesario, patalearía, aunque para ello le hiciera falta repetírselo tres veces seguidas delante del espejo, con la cabeza bien alta, antes de salir de casa cada mañana y meterse en el metro a abrir sus recuerdos, para que no hicieran tanto daño.

domingo, 12 de abril de 2009

Entre coffee shops y bicicletas



















Se nos dormían los pies, nos pesaban los brazos y las risas fueron nuestras mejores amigas.

Nos quedó pendiente alquilar una bicicleta y comernos unas patatas fritas (hubo que cambiarlas por una creme brulee).

Tuvimos compañeros pesados de avión, comimos mucho, fumamos más y andamos lo que no está escrito (incluso para volver a sitios a los que ya habíamos estado, sólo por antojo de ver).

Y, sobre todo, nos perdimos (Amsterdam está mal construída que lo sé yo).

sábado, 4 de abril de 2009

Sambuca

(No es una poesía. Son pequeños trocitos de frases sueltas y palabras que salen sin avisar... Experimentando en inglés a ver qué tal).


Worries.

From deep in my soul to the top of my head.

I carry out your curfew.

Try to erase my sins.

Please,

me as you want to.

Shouting out loud inside.

In silence outside.

It's all my fault.

Farewell, my thoughts.

Are poisoned.

Drill both parts of my head.

The rational and the imaginative.

The clearest facts.

Procrastinating solutions.

Right in front of my eyes.

Under construction.

I need.

A rest of life.

And a rest of death.

Because I'm only... sincere.



Para los que les cueste dormir por las noches.

domingo, 29 de marzo de 2009

Cantando nanas

No creo que deje de morderme las uñas
ni de levantarme tarde para llegar pronto.
Tampoco voy a dejar de callarme muchas cosas
ni de vomitar otras sin querer.
No creo que pueda dejar de llorar en silencio
porque sé que en el fondo no es importante
y por eso debe ser siempre un secreto.
Ni siquiera dejaré la pereza de ser sociable,
o de esperar el sonido de los mensajes
que me despiertan en mitad de la noche.
No quiero dejar de teclear ideas
que salen de mis dolores de cabeza
cuando me he pasado de cervezas.
Tampoco dejaré que mis ojeras sean un problema
ni que el café lo solucione
para que sepáis que me gusta dormir.
No voy a dejar de pretender que soy mayor
escondida en un cuerpo de niña, metida en una sonrisa,
reservada solo para los que os guste escarbar.

Pero sí pienso decirte que te echo de menos,
y cantarte una nana antes de dormir
dejando pequeñas huellas en tu espalda.
Pienso fumarme tus miedos
en cada uno esos interminables cigarros
de antes de sueño y las ojeras.
Intentaré ahuyentarte las telarañas de los rincones,
desde los más oscuros hasta los que todo el mundo conoce.
Y sobre todo, voy a recordarme en tus palabras
e interrumpir tus latidos
cuando mis manos se te acerquen.

martes, 24 de marzo de 2009

La vergüenza era verde y se la comió un burro...

De pequeñita escribía en cuadernos y diarios los hechos para que no se me olvidaran, con las fechas, las horas y los momentos exactos. Ya no recuerdo dónde los guardé. Ahora garabateo sentimientos, porque si están en papel parece que es más difícil olvidarlos, o por lo menos más fácil recordarlos. Aunque no siempre se puede sacar lo que tienes dentro y dibujarlo en forma de palabras (o más bien ser fiel a la realidad), parece que de este modo resulta más simple compartirlo, incluso difundirlo, gritarlo, o susurrarlo si quieres… y puede que ponga en peligro tu intimidad, que no tengo yo muy claro que todo el mundo quiera compartir con los demás, pero seguro que a veces viene más que bien.

Por eso voy a dar un paso al frente; si lo pongo en papel (web en este caso, aunque un cuadernito escrito a mano no me lo quita nadie) y lo comparto puede gustar o no, puede llegaros o dejaros indiferentes, incluso puede que os sintáis identificados, no lo sé, lo que está claro es que para mí será un desahogo de principiante y una manera de pronunciar muchas palabras que de mis labios no salen (pero ya no me preocupo por eso) y que se escabullen por los huecos de mis manos, quedando en tierra de nadie si no hago nada con ellas.

Aquí os iré dejando pequeños trocitos de mí y de otros que haré míos, sin sobredosis y sin pausas (espero, lo mismo se esfuma la vena artística que me está saliendo) para que los bebáis como chupitos. Porque me he dejado convencer de que siempre merece la pena enseñarlo, y es que será verdad…